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El Náufrago Cosmopolita

Sus putas tristes

Sus putas tristes Al final me pudo el marketing del faldón naranja que recubre el blanco virginal de esa primera edición y le compré a GGMárquez su vuelta a la novela tras diez años, lanzamiento mundial en lengua española, dense prisa o se quedarán sin nada, pasen y lean, soy un Nobel, sé de lo que escribo, compren mi libro.
Se lee aquello a grandes zancadas, letra gorda, página gruesa, una sola trama, una adolescente desnuda… Aunque podríamos pensar que cada palabra le hubiera costado sangre, sudor y lágrimas de tinta al colombiano. Diez años deberían dar para más. ¿Se es novelista toda la vida? No sé, pero en la página 21 encuentro una errata, una letra que falta, como un diente negro: “Casi al instante, me depertó el teléfono”. Una insignificante cagada en la cara del millón de lectores de Gabo, que la recibimos en esa primera edición, ingenuo millón de coleccionistas exclusivos.
La errata, el gallo, el gazapo, animales que tropiezan ante nosotros enseñándonos unas bragas que tardaremos páginas en olvidar. Mis fuentes, siempre fieles, me dicen que en la primera edición de “Arroz y tartana” de Blasco Ibáñez, últimamente vista en televisión, se leyó esto: “Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño fruncido” (por ceño). O ese drama que se representó en nosédonde: “La expulsión de los mariscos” (por moriscos).
No es que me molesten esas interconexiones metalingüísticas con el lector, pero me entra el ansia de hacerme corrector free lance. Antes de mandar a la imprenta hay que estar seguro de hacerlo. Por un millón de lectores al menos.
Me acuerdo de un reciente recital de erratas de la mano de Francisco Umbral en “¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary?”, libro sobre la literatura de otros, género muy socorrido cuando no hay ganas de hacer literatura propia. Tiene unas cuantas erratas rancias, que me entretuve en subrayar como una monja chivata. Hubo una que llegó a molestarme algo, porque me hizo salir de la cama, más que nada. Dice en la pag. 65 “Vincent van Gogh nace en 1890”, y al rato “en 1886 está en París con su hermano Théo” y luego “el 27 de julio de 1890 se dispara un tiro en el pecho y muere dos días más tarde”. Tuve que acudir a mis fuentes, que no fallan, porque no son humanas, para que me recordaran que el del pelo rojo nació en 1853 y murió en 1890.
Sin yo buscarlo, fui consumiendo esas sonrojantes faltas de poca gloria literaria, reivindicando a cada una la ampliación de la plantilla de correctores en el universo Planeta.
Pero yo quería hablarles de los centros comerciales. Otro día, mejor.
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1 comentario

perroantonio -

Un chascarrillo más. Una de las editoriales famosas del universo hispano debe su nombre a una errata de imprenta. El misterioso "Fondo de Cultura Económica" me tuvo intrigado durante mucho tiempo. Sobre todo porque no se veían demasiados libros de economía. Pues bien, el nombre original era "Fondo de Cultura Ecuménica". La errata no lo arregló lo suficiente.

Cuando García Márquez publicó su autobiografía, el Círculo de Lectores publicitó su edición especial con un título erróneo "Vivir para contarlo". Algún corrector decidió cambiar el título original, "Vivir para contarla", pero el error no llegó a venderse. La pena es que nadie haya corregido el título del último libro de García Márquez para mejorarlo. Algunas erratas piadosas hubieran dignificado el título: "Memoria de mis potas tristes" o "Memoria de mis petas tristes" o "Memoria de mis patas tristes". Pero Gabo se quedó con las putas. Y con los putas.

Muy triste.
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